Articulos sobre la risa del primer numero de Monoverde

 
El primer paso: una sonrisa

Inventamos aquí un camino, que esperamos largo, sin saber a dónde nos va a llevar. Somos conscientes de que, a pesar de que no nos conduzca al lugar que imaginamos, es el camino que debemos tomar. Por este motivo estamos de buen humor y queremos iniciar la travesía, dando unos primeros pasos modestos pero firmes, con un número especialmente lúdico, dedicado a uno de los regalos que más facilmente descuidamos: la risa.
La risa, tantas veces desatendida. Esa fiesta de nuestro yo coartada por miedo al rechazo de los otros o por respeto a unas convenciones sociales demasiado estrictas. La risa como finalidad para los que buscan aligerar el peso a las víctimas de la guerra, como terapia contra el estrés, como elemento revolucionario, como propiciadora de cambios...
En fin, entender mejor en qué consiste y consistirá monoverde será más fácil después de leer los contenidos; pero, por si todavía os quedan dudas, hemos preparado un texto explicativo, únicamente para este primer número, en el que intentamos clarificar cuál será la línea editorial de la publicación (p.25).
Empezamos pues, los que hacemos esta revista (articulistas, fotógrafos, diseñadores, anunciantes...), con voluntariosa alegría para encarar de la mejor manera la aventura. Reivindicando el optimismo consciente por encima de la ingenuidad, el optimismo como actitud, el optimismo como decisión. Y los que quieran reirse de estos monos verdes, que rían, que rían...


Repartiéndose de risa

¿Quién presenta y representa a la risa? Hablamos con Tortell Poltrona. Él y la asociación que preside, Payasos Sin Fronteras, con su insistente presencia en conflictos y zonas catastróficas, se enfrentan al mundo con la única arma que no hace daño: la sonrisa. Texto Octavio Botana Fotografía Ernest Abentín

Mañana lluviosa en la falda del Montseny. Entre carromatos y caravanas aparece Jaume Mateu i Bullich, conocido mundialmente como Tortell Poltrona, de profesión payaso.
Con generosa hospitalidad nos invita a situarnos bajo una carpa, junto a unas tazas de café, nos interroga acerca de nuestra publicación y empieza una entrevista que acaba convirtiéndose en un ameno, divertido y reflexivo diálogo humano.

"El planteamiento de ser payaso como tal no existe. Es más una opción, como ser monje o bombero, faenas realmente integrales, únicas. Mi generación luchaba por evitar a toda costa una transición que no llevaba a ninguna parte, y yo, inmerso en todo ese tinglado, me decanté por la expresión y el humor como postura frente a algo que no queríamos que pasara". Así de claro lo tiene Tortell y así se expresa. "Un payaso es lo más tonto y lo más sabio" y eso hace que se sienta orgulloso un hombre que, desde 1993, coordina Payasos Sin Fronteras, una asociación con diversas sedes en todo el mundo que se dedica sin descanso a llevar la risa a los más necesitados y, a veces, a donde menos se les espera.
Si buscamos en un diccionario la definición de payaso, encontramos lo siguiente: "Persona vestida grotescamente que se dedica a divertir a la gente en fiestas, ferias, circos, etc..." Pero, realmente, ¿qué hace un payaso? "A diferencia del cómico, el payaso hace humor sobre conceptos universales, trabaja con la raíz de las cosas, las emociones y los sentimientos más internos. Un cómico habla de cosas cotidianas, sexo, política, religión. Es más local, específico, en definitiva, cultural. El objetivo primero del payaso es depurar un número concreto para poderlo reducir a una expresión humana que genere poesía escénica. Aflorar emociones y sensaciones con un lenguaje sensible, a otro nivel que el lenguaje hablado, ni mejor ni peor. Pero, en definitiva, no existe el payaso como meta sino que, como figura, se pretende acercar al poeta , aunque su poesía es mucho más funcional que la escrita."

Payasos Sin Fronteras ha llevado la sonrisa a lo largo y ancho del planeta y, como era de esperar, se ha encontrado con conflictos bélicos intensísimos y circunstancias poco propicias para el humor. "La violencia y el humor, a diferencia de lo que se pueda pensar, no son tan incompatibles como parecen. En la guerra todo es adrenalina, hay muchos estímulos y los sentimientos están a flor de piel. El payaso debe asumir ese torbellino de sensaciones y crear acciones diversas, generar bromas, burlas y juegos. Cierto que todo es muy contradictorio, a veces hasta hemos incorporado hecho reales a un número circense, como una vez que se inició un terremoto cerca del campamento donde estábamos y tuvimos la intuición de saberlo incluir en el espectáculo. Son situaciones muy duras y hay que saber ofrecer la sonrisa en cualquier momento, esa es nuestra misión". La responsabilidad de saber estar aquí y allá, generando sonrisas sin fronteras, sin enemigos ni aliados, intuyendo que algún conflicto acabará mal o que en pocas horas gente cercana a ti va a morir es algo que puede hacer que te plantees la fragilidad del humor en determinadas circunstancias, la futilidad del hecho de hacer y ver sonreír. Pero Tortell nos saca de dudas:
"Un payaso no se rinde, un payaso tiene ya su propia guerra. Mataron a unos niños en Colombia horas después de que les hiciéramos un espectáculo y les regaláramos unos zapatos. ¿Y qué puedes hacer? Pues volver. Esos niños fueron felices durante el rato que sonreían, al margen de lo que vivieron durante meses, mientras que tú te preguntas inevitablemente si has tenido parte de culpa de lo ocurrido y hasta qué punto puedes marcar a la gente. Debes ser tan payaso como equilibrado respecto a tu misión, respetando toda cultura, sin marcar nada. La tarjeta de visita de Payasos Sin Fronteras es: ¿Hay niños por aquí? Esa es la intención."

La risa entendida como una necesidad humana muchas veces se ha intentado estereotipar, clasificar e incluso encasillar. Los del sur tienen un humor especial, los del norte también; unos ríen más, otros no tanto, y al final uno no sabe si la risa pertenece a todos por igual o si las ansias de reivindicar la diferencia nos llevan a crear subdivisiones equivocadas. "Eso es muy relativo. Yo he tenido la oportunidad de viajar por medio mundo y he visto las reacciones más diversas. A nivel local, en Girona, por ejemplo, aplauden mucho más que en Lleida y Tarragona, aunque en estas últimas ciudades se ríen más que en la primera. Es algo que he comprobado fehacientemente. A nivel más global no hay cánones establecidos. Ciertas comunidades indígenas africanas no aplauden sino que chasquean los dientes y emiten un sonido chirriante muy especial. El gag se celebra de modos diversos y eso es muy sano. En el norte de Europa, donde la condición de humanidad está más depurada y menos animalizada en cierta manera, aplauden mucho más que ríen."

Lo que sí está claro es que hay unos símbolos universales del humor o, como mínimo, del payaso, ¿no? "Yo no diría eso exactamente. Hay gente que no ha visto nunca un payaso y no tiene el referente para identificarlo con algo. Cada cultura capta unas cosas con más intensidad que otra, dependiendo de su familiarización con los elementos y los objetos que se usan para hacer reír. Los africanos se pintan de blanco para divertir a los suyos, porque su referente más próximo es el de los colonizadores borrachos. Hay lugares donde el espectáculo de las sillas no tiene sentido hacerlo porque nunca han tenido sillas, en cambio si haces algo con machetes todo el mundo viene a verte y lo entiende a la
perfección. Sí que hay, de todos modos, una complicidad universal con cosas como el cielo, que siempre es azul, la caca huele mal en todas partes, los pájaros vuelan y los golpes y las caídas duelen casi siempre. A partir de aquí se desarrolla todo el circo y la danza. Una de las cosas más grandes que tiene esta profesión es que puedes hacer reír en el mismo momento a personas de nueve a noventa años, chinos, europeos, africanos, todos a la vez. Eso es maravilloso".
El Circ Crac, la carpa que acoge a Tortell y donde busca continuamente nuevas formas de expresión en el terreno de las artes escénicas, ha dado pie a proyectos muy diversos, ilusiones, éxitos, fracasos, y es actualmente el único lugar de España donde se investigan y difunden espectáculos de circo; un punto de encuentro de toda la gente de circo de la Europa del sur. "Las artes escénicas son una cosa muy seria. Nosotros desafiamos cosas tan asumidas como la gravedad y el equilibrio. El circo es un arte escénico basado en el reto de los hombres y las mujeres ante la ley del sentido común, aunque muchas veces se nos confunde y se nos encarga una misión ajena que no debería correspondernos. Estamos viviendo sobre una mentira grandiosa donde el control de la información depende de unos dueños del dinero que mueven el mundo. Sabemos lo que ellos quieren que sepamos, y eso no puede ser. Por eso muchas veces el payaso se siente como un tapa-agujeros, una tirita que disimula heridas de la salud mental de la gente. Pero nosotros no somos eso, y además la herida, que sangra más que nunca, sólo la pueden cerrar quienes la han abierto".
El circo se ha visto modificado tanto en su concepción como en su público, pero el payaso ¿ha cambiado también? ¿Se puede hablar de "evolución"? "El circo que conocemos como clásico ha cambiado. Ahora (véase Cirque du Soleil y otras compañías por el estilo) es más universal en su concepto, engulle las otras artes escénicas (música, teatro y danza), así como también diversas especialidades conocidas actualmente como "artes de la pista", que es lo que se lleva ahora. Interacción artística para un lenguaje universal... el circo se transforma, pero también los elementos que lo componen y, entre ellos, la figura del payaso."

Tortell y su asociación, con la sonrisa como estandarte _una sonrisa universal y sana_ luchan en varios frentes, desde hospitales a campos de refugiados, colectivos problemáticos y zonas declaradas como catastróficas.
Allá donde surgen conflictos aparecen Payasos Sin Fronteras, aunque es cierto que también tienen objetivos más cercanos. "Sí, lo más inmediato que tenemos en mente es crear un circo ambulante para todos los países catalanes desde las Terres de Ponent hasta el Alguer, Valencia, etc..." o


Los nombres de la risa

La provocadora, la reivindicativa, la rebelde. Tres tipos de risa que muestran su cara más inconformista: la que asusta al poder, la que Milan Kundera atribuía en El libro de la risa y el olvido al diablo, pícaro y subversivo. Tres carcajadas que se cuestionan el orden establecido, lanzadas por un escritor uruguayo, un filósofo catalán y un artista gallego, en este orden...y con este desorden.
Ilustraciones Marcos Prior & Marcos Morán

Género y risa / por carlos rehermann

Con alarmante falta de humor, Henri Bergson* intentó explicar la risa. Como esos científicos que para explicar el orgasmo hablan del color de la piel, la temperatura de las vísceras y la dilatación de las pupilas, Bergson describe unos mecanismos generales que resultan difíciles de reconocer para el que ríe y son inoperantes para el que no sabe reír.
Para Bergson, la risa surge de considerar inhumano lo humano, o viceversa. Por eso el payaso, torpe y con tendencia a perder la verticalidad, provoca risa: pierde la dignidad y la esbeltez propia de esta especie superior. O un animal que se comporta como un ser humano, que da risa a causa de su vano intento de parecerse a esta especie superior.

Uno de los problemas del humor es su masculinidad obsesiva. Parece que las mujeres tuvieran prohibido provocar la risa. Dificilmente se encuentre una mujer atractiva ejerciendo el humor; cuando una actriz hace chistes, generalmente adopta una autocaricatura, una disposición payasesca, una negación de su atractivo sexual.
¿Alguien puede sentirse atraído por Whoopi Goldberg? Los grandes cómicos del cine fueron varones, y hasta Los Simpson dejan a las mujeres en un rol de racionalidad, sentido común y falta de humor.
Muchas mujeres adoptan una curiosa actitud corporal cuando se ríen: se tapan la boca con la mano, gesto absolutamente ausente en los varones. En las plateas de los teatros y los cines, las voces dominantes en las carcajadas generales suelen ser las masculinas. Siempre hay un vozarrón que se desprende de la masa sonora para hacer un solo carcajeante. ¿Por qué no hay carcajadas sopranos?
La risa se expresa corporalmente con mayor energía que el llanto: el cuerpo se sacude, la boca se abre, el vientre se contrae en espasmos involuntarios, a veces con una violencia que puede provocar una micción. "Me cagué de la risa" es una declaración tremenda, imposible de asociar con sentimientos de tristeza. Semejante liberación de un esfínter, por más que sea metafórica, está adjudicando una corporeidad a la risa que no tienen otras expresiones de las emociones.

Lo masculino, tradicionalmente, arquetípicamente, es vertical: no habla del falo, como superficialmente puede interpretarse, sino de conexión con lo divino, con lo supraterrenal, con las potencias del espíritu. Lo femenino se representa horizontal, pero sin hacer alusión a posturas del cuerpo, sino a la tierra, madre de la vida, lecho nutricio para la simiente. Madre y materia son palabras de un mismo origen. Lo femenino material, entonces, se opone a lo masculino espiritual. La filosofía, mayoritariamente fabricada por varones, dio siempre mayor importancia a lo espiritual que a lo material.

La risa, con su carácter fuertemente corporal, es típicamente una expresión de la materia en acción. De ahí su ausencia en los discursos filosóficos, dedicados sobre todo a la verticalidad espiritual varonil. Y justamente a las mujeres se les ha impuesto, desde esa mirada superior, la prohibición de ejercer lo que correspondería, siempre según esa mirada que separa la materia del espíritu, a su naturaleza horizontal.

Así, la historia les ha impedido hacer reír desde su sexualidad plena; cuando ríen, les impone la censura de no mostrar la boca, apertura metafórica; las silencia, porque una expresión directa de la corporeidad liberada sólo puede dar vergüenza. De acuerdo con Bergson, en realidad lo que se está produciendo es un terror masculino a la pérdida de la vertical que lo simboliza, un miedo a la risa.o

La revolución simpática por david castanera

"Risa: acción de reírse; manifestación de alegría o regocijo, que se produce, por ejemplo, cuando se juega, se oye un chiste o se recibe una buena noticia, y que consiste en contraer ciertos músculos de la cara que estiran los labios dejando a la vista los dientes y dando una expresión particular a los ojos; a veces, cuando la risa es ruidosa, esa contracción va acompañada de la contracción de otras partes del cuerpo, particularmente los hombros, y de sonidos vocales particulares, producido todo ello por contracciones espasmódicas del diafragma." Diccionario de María Moliner.

Esta es la definición del diccionario. El fenómeno de la risa aparece como un proceso fisiológico provocado por ciertos estímulos concretos. Una descripción detallada de los síntomas que acompañan a esa contracción espasmódica, que la convierte en algo "normal", previsible e identificable. Lo identificable no es extraño, lo previsible es controlable. La definición elimina del fenómeno risa todo contenido subversivo. Con la definición de diccionario el sistema elimina la capacidad revolucionaria de las acciones. Con la definición se identifica y se neutraliza la acción. Pero la risa tiene un valor crítico. Ve el diccionario en "jugar", "oír un chiste" y "recibir una buena noticia", las causas de esta conducta. Entiende la risa como una consecuencia o efecto de ciertos estímulos: restringir la risa a efecto de ciertas causas es matar precisamente lo que le da el carácter subversivo. Pero si nos salimos de cualquier comprensión sistemática de la risa, encontramos en jugar, oír un chiste o recibir una buena noticia, no las causas sino los ámbitos en que se da la risa, que es muy diferente.
"Jugar: 1) moverse o hacer cosas con la única finalidad de reírse. [···] 3) moverse alegremente, persiguiéndose, gastándose bromas o haciéndose cosas unos a otros."
Diccionario de María Moliner.
Las dos acepciones empiezan con "moverse". Todo movimiento dentro del sistema tiene como fin la perpetuación del mismo y la consecución del equilibrio. El único fin del juego es reírse y la risa como fin de cualquier movimiento o acción aparece como algo antisistemático y desequilibrante: revolucionario. ¿Qué hay más inútil, más absurdo que perseguirse? Lo absurdo, lo inútil, lo extraño, el movimiento sin finalidad... las expresiones de vida no encajan en el sistema.

La risa nos transforma, nos aleja de nuestra apariencia "normal" y se asocia a lo animal del ser humano. Esta asimilación es otro medio del sistema para eliminar lo diverso en nosotros. De esta manera ha caído la risa en el ámbito de fenómenos que alteran y desvían la personalidad y la identidad del individuo. Risa como desarreglo, desviación, desajuste, error... que debe corregirse, y no como algo crítico y antagónico. La risa es asociada a niños, ebriedad, locura y, en adultos, a desliz, incompostura y también a casos de incorrecta socialización: pobreza, marginalidad, incultura. La risa va perdiendo su carácter revolucionario al asociarla con desvíos. Pero también se la está matando cuando se la intenta recuperar del wild side y rehabilitar en forma de terapia, de método, cuando se la asocia a un fin: cuando se la utiliza como medio para lo que sea. Estimular la risa, controlar su duración e intensidad y aplicarle utilidades terapéuticas, psicológicas, pedagógicas... es hacer de la risa un instrumento más, eliminando todo aquello que la asocia con lo imprevisible, con lo incoherente, con lo absurdo, con lo asistemático... con lo revolucionario.
La risa verdadera es la risa libre y espontánea. La risa sincera y sentida que aparece en ámbitos en que se quiebra el sistema. La risa que descompone cierta compostura del individuo y permite la aparición de otro yo considerado idéntico, como faceta del primero y no como desviación de una supuesta personalidad fundamental. La risa ni se busca ni se puede eliminar de nuestra constitución; la risa es buena como síntoma de que un espacio ha sido 'liberado'. La risa aparece y realiza una subversión que no debe ser reprimida. No hay que ir tras el que ríe ni tras la risa; hay que ir tras los espacios en que la risa se da, sin más, como otra manifestación de la vida que en el espacio habita.o


No te olvides la bufanda por marcos prior

Para ir de Z a X he de tomar un camino, siquiera el del orden de lectura occidental, de izquierda a derecha. Es la flecha que el Oeste dispara al Este. La flecha que recorre una ecuación hasta llegar al corazón. El viaje es nuestra ecuación. Para viajar debemos tomar diversas decisiones, entre las cuales figura la de hacerlo con equipaje o a pelo. Dante, como la mayoría de encuestados, decidió viajar equipado. Su maleta se llamaba Virgilio. Antes de comenzar el viaje, el individuo que ha optado por llevar equipaje debe pensar: ¿una maleta me basta? o ¿de verdad necesito esas doce maletas, una de las cuales está llena de construcciones de Lego a las que les faltan piezas e instrucciones?

Si mi intención es echar unas risas puedo conseguirlo con una mochila descosida que huela a aceitunas rellenas podridas. Para los amantes de la cultura basura, como vuestro humilde servidor en su más tierna adultez, bastaba con unos minutos de Al salir de clase. La risa estaba asegurada. Era recomendable verlos acompañado, con los consiguientes comentarios mordaces y la risa puesta en común, pues es de tristeza infinita (como diría George Bush II o Manu Chao) descojonarse a solas con algo tan de fórum como una teleserie o una casete de chistes de Arévalo. Así es como Radio, Televisión, Cine y Teatro forman el Santísimo Cuarteto de Risa Contagiosa. La versión macabra de esto son las risas enlatadas; verdadera cima de la falsa cultura epidémica.
Al final la mochila de cultura basura se hace pesada y algunos optan por un valor seguro como es el baúl que contiene los mejores gags de Faemino y Cansado o los tíos esos de La vida de Brian. Aunque todo es compatible. A veces la cultura basura es consciente de sí misma.

Otros preferirían una maleta que contuviese aquellas clases en las que no podías parar de reír porque habías descubierto una palabra que repetía constantemente el profesor de turno. La clase que más se aprecia en este sentido, porque provoca un entorno que posibilita una hora ininterrumpida de risas por parte del alumnado, es esa en la que el profesor de Biología dice (nada más cruzar el umbral de ese sacrosanto templo del saber): "Hoy hablaremos de sexo".

Los más pervertidos se conformarían con el vicio solitario de carcajearse con el zurrón lleno de tebeos de Mortadelo y Filemón, de Roberto España y Manolín, de Astérix y Obélix...
Los más avispados marcharían con maletines repletos de rollos de películas de los hermanos Marx, de Chaplin, de Allen, de Wilder, de Tati, de Scorsese...Preparados en su misión de ahogarse de risas (más de 24 fotogramas ).

Los más directos cargarían con un maletón hasta los topes de artilugios para acercarse sigilosamente a partes del cuerpo que tengan en común con las axilas la capacidad innata de hacer reír mediante la siempre noble cosquilla.
Hay otros que se colgarían a sus amigos a sus espaldas para que les provocasen la risa con aquellas viejas anécdotas que todos se saben de memoria, mejor que la tabla de multiplicar. Uno también necesita un clavo donde agarrarse mientras se arquea de risa.
Voy y vengo por la risa. Esta vez he venido para quedarme. Me aposentaré sobre su trono. No, es broma. Una broma infinita.o


¿Es tonto el que siempre sonrÍe?
Los delfines siempre parecen estar sonriéndonos. Pero detrás
de ese rictus físico, que el delfín no puede cambiar, se esconde
un animal sensible y, sobre todo, un ser extremadamente inteligente.
Texto Marta Nin Fotografía Mike Bossley


La inteligencia del ser humano se ha considerado desde siempre una característica exclusiva de nuestra especie: la que más ha hecho para distinguirnos del resto del reino animal. Y probablemente, con el tiempo, el encumbramiento de nuestra inteligencia se ha convertido en una trampa, pues ha mermado la posibilidad de desarrollar y aceptar otras de nuestras muchas capacidades como seres vivos. Y es que, además, se ha transformado en un velo negro que no nos ha dejado ver más allá, que no nos ha permitido considerar la inteligencia en otros animales, ni tan siquiera imaginar una inteligencia diferente a la nuestra. Pero ¿cómo medir la inteligencia?

Empieza el espectáculo. La entrenadora llama a Malia, la delfín sale de su tanque y realiza todo el número acrobático en un orden distinto al establecido, no salta la altura esperada y está muy nerviosa durante toda la actuación. Algo va mal, piensa la entrenadora. Llaman a Hou, la otra delfín, pero ésta también sale muy excitada y tampoco sigue el guión habitual del espectáculo. El comportamiento nervioso de ambas delfines es muy extraño. ¿Cuál es la causa? Una entrenadora descubre atónita que han intercambiado a los animales: alguien ha puesto a Malia en el tanque de Hou y a la inversa. Las habían confundido. Así que la delfín Hou había hecho la parte del show que le tocaba hacer a Malia. Equivocó las salidas y el orden, pero lo hizo tan bien que los entrenadores no pudieron descubrir que en realidad, a esa delfín no le habían enseñado ninguno de los movimientos, incluso había sido capaz de realizar una pirueta que normalmente cuesta semanas de entrenamiento. Por su lado, la otra delfín Malia, aunque muy nerviosa, también lo hace todo suficientemente bien como para que las entrenadoras piensen que es Hou. Los dos animales tenían asignada una parte del espectáculo para cada uno. Entrenaban por separado, aunque podían verse desde las compuertas de sus piscinas. Quizás fue así como aprendieron las piruetas del otro, o tal vez se lo transmitieron telepáticamente en el transcurso de la actuación... El caso es que fueron capaces de hacerlo de forma tan correcta que lograron confundir a sus propias entrenadoras. Incluso para ellas fue algo difícil de creer. Pero ¿por qué? Esa es la pregunta. ¿Por qué un delfín decide sustituir a otro en lugar de actuar desde su comportamiento entrenado? Lo segundo sería más propio de un animal irracional, no consciente de su propio yo, de la existencia del yo de su compañera de circo (el otro) y consciente a la vez, de todas las circunstancias del momento. La razón por la cual actuaron de una forma tan responsable para con el espectáculo, es algo que sólo podrían respondernos las mismas Malia y Hou. O quizás otro delfín.

Uno de los científicos que más hizo para descifrar la inteligencia de los delfines fue John Lilly. A partir de los estudios realizados en 1957, se pudo saber que delfines y humanos tenemos un cerebro similar, dividido en dos áreas: el córtex y el neocórtex. En los humanos, el neocórtex es más fino, y nuestras terminaciones nerviosas del olfato, tacto, vista, gusto... acaban en el córtex y no se internan en el neocórtex. Pero en el cerebro del delfín, las terminaciones neuronales de estas sensaciones están interrelacionadas también en el neocórtex. Así que, aunque nuestro cerebro y el de ellos se parecen, en realidad su mundo mental puede ser muy distinto al nuestro. Puede ser que un olor lleve incorporado un color, o un sonido... Es difícil comprenderlo desde nuestra perspectiva humana, porque sería tanto como entender que para un delfín un olor puede ser verde. Algo que para nosotros sólo ocurre en sueños.
Al igual que los animales humanos, los delfines viven en estructuras sociales muy complejas y disponen de un avanzado sistema de comunicación. Un lenguaje, una manera propia de entenderse, tan imprescindible para ellos como para nosotros. Pero hacer paralelismos siempre es peligroso. Los delfines han puesto su inteligencia al servicio de sus necesidades bajo el mar, que para nada son parecidas a las nuestras en tierra. Su inteligencia es desde luego, una inteligencia extraterrestre.

Al homo sapiens sapiens (dos veces sapiens, que quede claro) le gusta experimentar con el resto del mundo animal. En un experimento con un delfín en cautividad se le pedía que hiciera una serie de selecciones y se le premiaba, por su colaboración con la ciencia, con un pescado. Después de dar muchas respuestas correctas, un día el delfín empezó a hacer una serie larguísima de selecciones equivocadas. ¿Por qué lo hacía? Cuando se examinó la máquina de pescado, se comprobó que ya hacía varios días que el premio estaba seco y sin ningún tipo de sabor. De nuevo con pescado gustoso, el delfín fue un buen chico y siguió cooperando en los experimentos... ¿Quién estaba entrenando a quién? ¿Quién experimentaba con quién?, se preguntó el propio investigador en su trabajo. No sabemos cuál fue el planteamiento, ni el proceso mental de este delfín. Pero lo que queda claro es que, con su cambio de actitud, logró informar al equipo científico de que el pescado estaba demasiado malo...como para tomarse la molestia de seguir colaborando. El ejemplo nos muestra a un animal que comprende lo que está haciendo, que tiene información sobre sí mismo (y su yo) y que por supuesto entiende los hechos del presente y sus consecuencias.
A su vez, este ejemplo nos brinda también otra importante información que vale la pena no olvidar: los delfines sí nos consideran seres inteligentes. o

*Marta Nin es periodista y escritora.


Días de vino y risas

Resulta algo triste que, en una sociedad como la nuestra, la risa auténtica todavía sea una asignatura pendiente.¿Por qué hemos olvidado esa risa tonta que, quizás, sea la más inteligente? Por suerte quedan "academias de repaso" que devuelven la esperanza a este mundo tan acartonado. Vámonos a clase. Texto Sandra Casas Fotografía Dani Miras

Atención, pregunta:
"¿Todavía queda algún idiota que ría condicionado por las risas enlatadas en las series de televisión?" Mi yo al otro lado del espejo afirmó: "Entre otros, tú". Aquello no funcionaba. Intentaba un ejercicio de los recomendados en el taller... y nada, que no me salía esa risa profunda, la risa franca, la risa verdadera. ¡Yo era uno de los robots, uno de los risueños sociales, uno de los hechizados por la risa falsa del público falso de la bruja Sabrina!
Y parecía fácil: según el profesor, con una sonrisa voluntaria y consciente, la pituitaria recibía el impulso y reaccionaba liberando las endorfinas, esas hormonas opiáceas que no sólo son un analgésico natural, sino que proporcionan una sensación de placer generalizado. Pasar de la sonrisa a la risa no era complicado, si aprendía una serie de técnicas, y pasar de la absurda sensación de estar riendo de nada a reirse de eso precisamente, y de verdad de la buena, era coser y cantar.
"Todo llegará", me dije. De momento, había hecho los deberes. Ya me conocía algunos de los efectos físicos y psicológicos que la risa auténtica proporcionaba y los tenía presentes en mi despiece mnemónico particular (véase*).
Lo veía: liberaría la energía estancada, mi columna vertebral se estiraría, potenciaría la respiración, aumentaría las defensas, segregaría un montón de endorfinas y movilizaría innumerables músculos. Consecuencia: mis dolores de cabeza y espalda iban a mejorar. Pero atención, pregunta: ¿Era eso lo que estaba buscando?
Ana, involuntariamente, me hizo ver que no. Y, además, le daba mucha rabia que estuviera asistiendo a esos talleres. Me lo contaba en el bar, mientras tomábamos unos vinos.
-No te discuto que reír es bueno. Lo que no me parece bien es que alguien tenga que enseñarte a hacerlo, como si tú no supieras. Y, además, de forma natural.
-No busco aprender a reír, Ana, quiero reaprender. Reencontrar la risa del niño, la desprejuiciada. ¿Cómo te diría? La risa que parece que tú no estás, que sólo está la risa.
-Y ¿para eso tienes que embarcarte en un trabajo personal?
-Es entenderme mejor lo que estoy haciendo. Intento conocerme. ¿Crees que el conocimiento de uno mismo es perjudicial?
-Sí, si mata la espontaneidad.
Aquella tarde el profesor me decía algo parecido a "es bueno saber cuándo somos espontáneos y cuándo, simplemente, creemos que lo somos". Aquella tarde recordé que hacía tiempo que no creía en las casualidades. Aquella tarde presté mucha atención a las diferentes consecuencias de reirse con un ja, con un je o con un ji. Y hay muchas. Jo.

Esto es dentro...esto es fuera...
-¡Dos copas de tinto, por favor!
Reticente a creer en mi búsqueda, y antes de que asistiera a mi tercera sesión, Ana atacó donde más dolía:
-La verdad es que tampoco creo que reír mucho sea tan bueno como dices. Por un lado me parece sospechoso, vamos, como de alienados... y por otro, no será muy bueno para el cuerpo cuando provoca arrugas.
Esgrimí mis últimos datos.
-Mira, se ha comprobado que reír no provoca arrugas, sino que es la única manera de oxigenar los músculos de la cara. Pero, aunque las provocara, preferiría esas arrugas fruto de una risa sana a las de una actitud agria.
En cuanto a lo de parecer una loca o una tonta...¿es por eso que las personas ya no silban, es por eso que ya no cantan?, ¿por no parecer locos o tontos? ¿Crees que tenemos que hacer tanto caso a lo de fuera y tan poco a lo de dentro?
Recordé cuando mi madre aún cantaba, y cogí fuerzas para seguir.
-Hay gente que no necesita que la reeduquen para reír bien, pero hay quien sí. ¿Por qué debo pensar que entender la risa como medio es equivocado, si sirve para sentirme mejor, más relajada, o para curarme? ¿Por qué debo criticar el uso de la risa? Apoyarse en argumentos tales como que pervertimos su naturaleza ("la risa sólo debe ser"), va en contra de todo principio de evolución ("yo no debería aprender, no debería superar mis problemas, sólo debería ser").
Me estaba animando:
-¿Sabías que muchos hospitales de Europa Central tienen en sus plantillas a grupos de payasos; que en países como Francia, Suiza, Canadá se utiliza habitualmente la risoterapia en centros sanitarios; que en Estados Unidos no paran de descubrir beneficios en sus estudios sobre la risa para la prevención y curación de enfermedades...?
Ana sólo negaba con la cabeza, pero en ningún momento dijo por qué. El sentido de esa negación no razonada lo descubrí aquella tarde, mientras me agarraba a una señora que estaba allí para calmar una depresión y a mi espalda se asía un ejecutivo que había confesado el primer día encontrarse absolutamente estresado. Al principio me sentía ridícula, pero cuando vi a mis compañeros de trenecito llorar de la risa y me oí a mí misma, entendí los noes vacíos de Ana y los miedos que yo estaba superando: a estar sola, a decir lo que pensaba, a dejarme ser, a reirme de mí y conmigo, de todo, de verdad.


Un sueño risionario.


En un cartel se leía: Eclesiastés, 7, 4, y un predicador malcarado, de aspecto enfermizo, gritaba:
-¡Más vale sufrir que reír, pues sufrir por fuera cura por dentro!
Una multitud de payasos y músicos le pasó de pronto por encima cantando:
-Acabemos con el poso religioso, acabemos con el poso religioso...
Por entre ellos se abría paso un dalai lama sonriente. En voz baja, pero perfectamente audible a pesar del griterío general, decía:
-Evitar el exceso es el secreto de la felicidad.
De pronto, arremangándose el uniforme naranja, empezó a bailar. De debajo de su falda salieron, cogidos de las manos y formando un corro que giraba alegre, Kant, Goethe y Schopenhauer, vociferantes:
K:¡No a la risa fingida!
G:¡No a la risa mezquina!
S:¡No a la risa política ni a la risa vendedora!
G:¡No a la risa burlona!
S:¡No a la risa hostil!
K:¡No a la risa automática!
K, G, S:¡No a la pobreza interior!
A mi lado, Erasmo de Rotterdam, aplaudía el espectáculo. Mirándome jovial me dijo:
-Reirse de todo es de tontos, pero no reirse de nada es de estúpidos.
Los dos empezamos a reír de manera ruidosa, y qué bien que ríe uno cuando ríe en sueños.

El humor puede ser perjudicial para su enfermedad.
Era el último día del taller de risoterapia y, como hacía habitualmente, tomaba unos vinos con Ana en el bar de al lado, antes de entrar. La miré cuando pinchaba del plato una patata brava, y no quise evitar pensar en el porqué de esa amistad de años. Una amistad con alguien que tan pocas veces está de acuerdo conmigo. ¿Sería esa la razón? ¿Sería cierto lo de que quien te cuestiona no es tanto tu enemigo como tu maestro?
Ana se quejó del exceso de sal en las patatas y, acto seguido, pretendía desmontar mis conclusiones respecto al sueño que tuve. Según ella, el sarcasmo, el cinismo, no eran criticables. Me recordó, además, que yo hacía un uso considerable de la ironía.
-La ironía, amiga Ana -contestaba yo-, de la que se sirve la risa apolínea o intelectual, bien dosificada puede ser muy divertida. Pero su sobreabundancia, como pasa con la sal, puede hacer intragable el mejor plato.
Dos copas más tarde, Ana seguía en sus trece. Quería desmontar el sentido de la risoterapia con el empeño del que, a su pesar, se siente atraído por aquello que critica.
-El sistema capitalista absorbe cualquier cosa que parezca positiva; no la hace propia para beneficiar a las personas, sino para beneficiarse a sí mismo. Un interés meramente económico. ¿Es positivo realmente que valoremos nuestras risas en función de la rentabilidad económica que nos vayan a proporcionar?
A Ana no le gustaba que se fomentara la risa en la empresa con la sola finalidad de una mayor producción.
-Pensar en el uso práctico que se desprenda de cualquier cosa -le dije- es uno de nuestros defectos más habituales y uno de los impedimentos para que nuestras risas sean lo que se supone que eran en un principio, cuando niños: signo únicamente de la felicidad interior. -Y añadí-: Hoy invito yo.
Estaba contenta. Ya estábamos de acuerdo en algo.
Habían pasado unos días y parecía que también empezaba a ponerme de acuerdo con mi yo al otro lado del espejo o, como mínimo, que empezábamos a caernos mejor. Al menos eso parecía, porque cada mañana, cuando nos veíamos, como si nos diéramos permiso para disfrutar del absurdo de la vida y sólo con proponérnoslo, ya estábamos descojonándonos.

¿Los deportes de riesgo tienen su gracia?
-¡Buf! ¡Hacía tiempo que no sentía que estaba viva! -le dijo Ana al señor que nos atendía en el colmado del pueblo. Acabábamos de bajar el río con las lanchas, gritando, resoplando, descargando tensiones. Rafting le llaman. Las emociones habían llamado al hambre. El señor respondió a su exclamación con una pregunta que no esperaba respuesta, pero que la tuvo unos días después. Una pregunta que se paseó por la tienda durante unos minutos:
-¿Hace tanto tiempo que no llevas la sonrisa a tu cara, la risa a tu estómago, la alegría a tu corazón y la plenitud a tu alma?
"No hace falta irse a la India para encontrar maestros", pensé. *


Todos los especialistas coinciden en las muchas virtudes de la risa. Entre otros efectos beneficiosos, aumenta la capacidad pulmonar mejorando la respiración, fortalece el corazón, hace que se mueva el diafragma, facilita las digestiones al hacer vibrar el hígado, baja la hipertensión aumentando el riego sanguíneo, tonifica los músculos... Por otro lado, a nivel psicológico, parece ser que un minuto de risa diario equivale a 45 minutos de relajación, incrementa la autoestima y la confianza, bloquea los pensamientos negativos, elimina el miedo y ayuda a relativizar los problemas.
Las endorfinas son sustancias segregadas por el cerebro que mitigan el dolor. Aparte de estos analgésicos, se liberan otras sustancias como la adrenalina (un componente que en buena medida potencia la creatividad y la imaginación), la dopamina (que mejora el estado de ánimo) y la serotonina (que posee efectos calmantes). Por lo tanto, reír al levantarse ayuda a encarar el día, y antes de acostarse fatiga el cuerpo y combate el insomnio.

¡Bienvenido al baile!
En Naderias Groucho Marx, se encuentra con el capitán del barco en el que se ha colado como polizón:
Groucho: Quiero hacer constar una queja.
Capitán: ¿Por qué? ¿Qué es lo que le sucede?
Groucho: Pues sucede que ayer, a las tres de la madrugada, alguien se paseaba por mi camarote. ¿Sabe quien era?
Capitán: ¿Cómo? ¿Quién hizo semejante cosa?
Groucho: Nadie, esta es mi queja. Soy joven y quiero diversión (rompe en una estrepitosa danza). Quiero reír, quiero bailar y que la danza emerja llenándolo todo. Quiero reír, cha cha cha...
Continuamente nos suceden casos inesperados, lamentables, decepcionantes, frustrantes, o hasta horribles. Es un hecho contrastado y respecto al cual nada podemos hacer. Es como los objetos que caen por la gravedad. ¿Debemos sorprendernos? Lo único sensato es la transigencia: Prescindamos de lo imposible. Dejemos de molestarnos gratuitamente. La realidad es y será así; no necesariamente como nosotros deseamos que sea. Es la melodía del destino, simplemente suena. Son ilusos quienes aún creen que se trata de un programa de radio en el cual se complacen peticiones.

Ya que la música nos es impuesta, sólo nos queda seguirla de la forma más airosa posible. De hecho, es como si estuvieramos en una pista de baile. Obviamente, hay personas que tienen una gracia innata para el baile. Pero todos bailamos mejor o peor si queremos. Incluso poseemos un potencial como danzarines que revelamos con buena disposición mental y la insistencia necesaria.

Es una decisión: Si crees que la vida es un valle de lágrimas, vives cuanto te sucede con cierto dramatismo. Pero si opinas que es un gran baile, lo que te acontece pasa a ser más o menos "divertido". Al fin y al cabo somos como Cenicienta. Fuimos invitados al baile de milagro, y debemos marchar pronto. Comparemos, si no, el tiempo que esperamos estar en el mundo con el que estaremos muertos. Es absurdo tomarse a la tremenda lo que sucede en un sitio en el que uno pasa tan poco rato. Realmente, nuestros momentos de baile desenfrenado y de gozo, son lo que nos llevaremos.
¿Quiere decir eso que debemos tomar exclusivamente lo fácil?. De ningún modo; lo que nos perjudican son nuestras propias exigencias. Y también es exigente quien quiere sólo lo fácil. Por el contrario, actitudes como la confianza y la tolerancia nos resultan mucho más rentables.
Observemos, por ejemplo, a las personas que bailan mejor. Son justo aquellas que se esfuerzan menos, simplemente disfrutan del baile, se contonean confiadas a su propio estilo, y excluyen las suposiciones a cerca de si los demás criticarán su euforia rítmica. Permiten que su cuerpo fluya; aceptan la expresión original de sí mismos.
Asúmelo. Estamos en un baile, escucha lo que suena ahora y baila lo que toca. Y báilate la vida. Retózala. Sigue el ritmo. El objetivo es que sea acompasada y armónica: agradable. Y justo cuando te importe un pito si bailas "como debe bailarse", o si los demás te aprueban, te llenará la seguridad de que bailas bien. Es una vivencia espontánea, genuina y gloriosa de ti mismo.

Así que ahora, tómate un rato, suelta la mandíbula, afloja la cadera, flexiona esas rodillas, ablándate, sonríe y arrímate a quien desees. Disfruta cuando el impulso de tu ritmo y tu sonrisa afloren de tu danza. Házlo una costumbre, y vibrarás desbloqueado como una llama, mientras respiras, andas, conduces, te sientas ante tu ordenador, o lees... Los pensamientos que aún te frenen servirán de letra cómica a la canción que suena para ti. Flotarás por la vida libre de gravedades. Y como es de las cosas más contagiosas que hay, tu día a día será un cha cha cha, un vals o un rock. Date la licencia. La vida es música y este mundo el concurso de danza más grande que jamás soñaste. Participa con el deleite de todo tu cuerpo y baila, baila, baila...mientras aguantes. o


*Paz Torrabadella es psicóloga y escritora
e-mail: pazmail@teleline.es