| El
primer paso: una sonrisa
Inventamos
aquí un camino, que esperamos largo, sin saber a dónde nos
va a llevar. Somos conscientes de que, a pesar de que no nos conduzca
al lugar que imaginamos, es el camino que debemos tomar. Por este motivo
estamos de buen humor y queremos iniciar la travesía, dando unos
primeros pasos modestos pero firmes, con un número especialmente
lúdico, dedicado a uno de los regalos que más facilmente
descuidamos: la risa.
La risa, tantas veces desatendida. Esa fiesta de nuestro yo coartada por
miedo al rechazo de los otros o por respeto a unas convenciones sociales
demasiado estrictas. La risa como finalidad para los que buscan aligerar
el peso a las víctimas de la guerra, como terapia contra el estrés,
como elemento revolucionario, como propiciadora de cambios...
En fin, entender mejor en qué consiste y consistirá monoverde
será más fácil después de leer los contenidos;
pero, por si todavía os quedan dudas, hemos preparado un texto
explicativo, únicamente para este primer número, en el que
intentamos clarificar cuál será la línea editorial
de la publicación (p.25).
Empezamos pues, los que hacemos esta revista (articulistas, fotógrafos,
diseñadores, anunciantes...), con voluntariosa alegría para
encarar de la mejor manera la aventura. Reivindicando el optimismo consciente
por encima de la ingenuidad, el optimismo como actitud, el optimismo como
decisión. Y los que quieran reirse de estos monos verdes, que rían,
que rían...
Repartiéndose
de risa
¿Quién
presenta y representa a la risa? Hablamos con Tortell Poltrona. Él
y la asociación que preside, Payasos Sin Fronteras, con su insistente
presencia en conflictos y zonas catastróficas, se enfrentan al
mundo con la única arma que no hace daño: la sonrisa. Texto
Octavio Botana Fotografía Ernest Abentín
Mañana
lluviosa en la falda del Montseny. Entre carromatos y caravanas aparece
Jaume Mateu i Bullich, conocido mundialmente como Tortell Poltrona, de
profesión payaso.
Con generosa hospitalidad nos invita a situarnos bajo una carpa, junto
a unas tazas de café, nos interroga acerca de nuestra publicación
y empieza una entrevista que acaba convirtiéndose en un ameno,
divertido y reflexivo diálogo humano.
"El
planteamiento de ser payaso como tal no existe. Es más una opción,
como ser monje o bombero, faenas realmente integrales, únicas.
Mi generación luchaba por evitar a toda costa una transición
que no llevaba a ninguna parte, y yo, inmerso en todo ese tinglado, me
decanté por la expresión y el humor como postura frente
a algo que no queríamos que pasara". Así de claro lo
tiene Tortell y así se expresa. "Un payaso es lo más
tonto y lo más sabio" y eso hace que se sienta orgulloso un
hombre que, desde 1993, coordina Payasos Sin Fronteras, una asociación
con diversas sedes en todo el mundo que se dedica sin descanso a llevar
la risa a los más necesitados y, a veces, a donde menos se les
espera.
Si buscamos en un diccionario la definición de payaso, encontramos
lo siguiente: "Persona vestida grotescamente que se dedica a divertir
a la gente en fiestas, ferias, circos, etc..." Pero, realmente, ¿qué
hace un payaso? "A diferencia del cómico, el payaso hace humor
sobre conceptos universales, trabaja con la raíz de las cosas,
las emociones y los sentimientos más internos. Un cómico
habla de cosas cotidianas, sexo, política, religión. Es
más local, específico, en definitiva, cultural. El objetivo
primero del payaso es depurar un número concreto para poderlo reducir
a una expresión humana que genere poesía escénica.
Aflorar emociones y sensaciones con un lenguaje sensible, a otro nivel
que el lenguaje hablado, ni mejor ni peor. Pero, en definitiva, no existe
el payaso como meta sino que, como figura, se pretende acercar al poeta
, aunque su poesía es mucho más funcional que la escrita."
Payasos Sin
Fronteras ha llevado la sonrisa a lo largo y ancho del planeta y, como
era de esperar, se ha encontrado con conflictos bélicos intensísimos
y circunstancias poco propicias para el humor. "La violencia y el
humor, a diferencia de lo que se pueda pensar, no son tan incompatibles
como parecen. En la guerra todo es adrenalina, hay muchos estímulos
y los sentimientos están a flor de piel. El payaso debe asumir
ese torbellino de sensaciones y crear acciones diversas, generar bromas,
burlas y juegos. Cierto que todo es muy contradictorio, a veces hasta
hemos incorporado hecho reales a un número circense, como una vez
que se inició un terremoto cerca del campamento donde estábamos
y tuvimos la intuición de saberlo incluir en el espectáculo.
Son situaciones muy duras y hay que saber ofrecer la sonrisa en cualquier
momento, esa es nuestra misión". La responsabilidad de saber
estar aquí y allá, generando sonrisas sin fronteras, sin
enemigos ni aliados, intuyendo que algún conflicto acabará
mal o que en pocas horas gente cercana a ti va a morir es algo que puede
hacer que te plantees la fragilidad del humor en determinadas circunstancias,
la futilidad del hecho de hacer y ver sonreír. Pero Tortell nos
saca de dudas:
"Un payaso no se rinde, un payaso tiene ya su propia guerra. Mataron
a unos niños en Colombia horas después de que les hiciéramos
un espectáculo y les regaláramos unos zapatos. ¿Y
qué puedes hacer? Pues volver. Esos niños fueron felices
durante el rato que sonreían, al margen de lo que vivieron durante
meses, mientras que tú te preguntas inevitablemente si has tenido
parte de culpa de lo ocurrido y hasta qué punto puedes marcar a
la gente. Debes ser tan payaso como equilibrado respecto a tu misión,
respetando toda cultura, sin marcar nada. La tarjeta de visita de Payasos
Sin Fronteras es: ¿Hay niños por aquí? Esa es la
intención."
La risa entendida
como una necesidad humana muchas veces se ha intentado estereotipar, clasificar
e incluso encasillar. Los del sur tienen un humor especial, los del norte
también; unos ríen más, otros no tanto, y al final
uno no sabe si la risa pertenece a todos por igual o si las ansias de
reivindicar la diferencia nos llevan a crear subdivisiones equivocadas.
"Eso es muy relativo. Yo he tenido la oportunidad de viajar por medio
mundo y he visto las reacciones más diversas. A nivel local, en
Girona, por ejemplo, aplauden mucho más que en Lleida y Tarragona,
aunque en estas últimas ciudades se ríen más que
en la primera. Es algo que he comprobado fehacientemente. A nivel más
global no hay cánones establecidos. Ciertas comunidades indígenas
africanas no aplauden sino que chasquean los dientes y emiten un sonido
chirriante muy especial. El gag se celebra de modos diversos y eso es
muy sano. En el norte de Europa, donde la condición de humanidad
está más depurada y menos animalizada en cierta manera,
aplauden mucho más que ríen."
Lo que sí
está claro es que hay unos símbolos universales del humor
o, como mínimo, del payaso, ¿no? "Yo no diría
eso exactamente. Hay gente que no ha visto nunca un payaso y no tiene
el referente para identificarlo con algo. Cada cultura capta unas cosas
con más intensidad que otra, dependiendo de su familiarización
con los elementos y los objetos que se usan para hacer reír. Los
africanos se pintan de blanco para divertir a los suyos, porque su referente
más próximo es el de los colonizadores borrachos. Hay lugares
donde el espectáculo de las sillas no tiene sentido hacerlo porque
nunca han tenido sillas, en cambio si haces algo con machetes todo el
mundo viene a verte y lo entiende a la
perfección. Sí que hay, de todos modos, una complicidad
universal con cosas como el cielo, que siempre es azul, la caca huele
mal en todas partes, los pájaros vuelan y los golpes y las caídas
duelen casi siempre. A partir de aquí se desarrolla todo el circo
y la danza. Una de las cosas más grandes que tiene esta profesión
es que puedes hacer reír en el mismo momento a personas de nueve
a noventa años, chinos, europeos, africanos, todos a la vez. Eso
es maravilloso".
El Circ Crac, la carpa que acoge a Tortell y donde busca continuamente
nuevas formas de expresión en el terreno de las artes escénicas,
ha dado pie a proyectos muy diversos, ilusiones, éxitos, fracasos,
y es actualmente el único lugar de España donde se investigan
y difunden espectáculos de circo; un punto de encuentro de toda
la gente de circo de la Europa del sur. "Las artes escénicas
son una cosa muy seria. Nosotros desafiamos cosas tan asumidas como la
gravedad y el equilibrio. El circo es un arte escénico basado en
el reto de los hombres y las mujeres ante la ley del sentido común,
aunque muchas veces se nos confunde y se nos encarga una misión
ajena que no debería correspondernos. Estamos viviendo sobre una
mentira grandiosa donde el control de la información depende de
unos dueños del dinero que mueven el mundo. Sabemos lo que ellos
quieren que sepamos, y eso no puede ser. Por eso muchas veces el payaso
se siente como un tapa-agujeros, una tirita que disimula heridas de la
salud mental de la gente. Pero nosotros no somos eso, y además
la herida, que sangra más que nunca, sólo la pueden cerrar
quienes la han abierto".
El circo se ha visto modificado tanto en su concepción como en
su público, pero el payaso ¿ha cambiado también?
¿Se puede hablar de "evolución"? "El circo
que conocemos como clásico ha cambiado. Ahora (véase Cirque
du Soleil y otras compañías por el estilo) es más
universal en su concepto, engulle las otras artes escénicas (música,
teatro y danza), así como también diversas especialidades
conocidas actualmente como "artes de la pista", que es lo que
se lleva ahora. Interacción artística para un lenguaje universal...
el circo se transforma, pero también los elementos que lo componen
y, entre ellos, la figura del payaso."
Tortell y
su asociación, con la sonrisa como estandarte _una sonrisa universal
y sana_ luchan en varios frentes, desde hospitales a campos de refugiados,
colectivos problemáticos y zonas declaradas como catastróficas.
Allá donde surgen conflictos aparecen Payasos Sin Fronteras, aunque
es cierto que también tienen objetivos más cercanos. "Sí,
lo más inmediato que tenemos en mente es crear un circo ambulante
para todos los países catalanes desde las Terres de Ponent hasta
el Alguer, Valencia, etc..." o
Los nombres de la risa
La provocadora,
la reivindicativa, la rebelde. Tres tipos de risa que muestran su cara
más inconformista: la que asusta al poder, la que Milan Kundera
atribuía en El libro de la risa y el olvido al diablo, pícaro
y subversivo. Tres carcajadas que se cuestionan el orden establecido,
lanzadas por un escritor uruguayo, un filósofo catalán y
un artista gallego, en este orden...y con este desorden.
Ilustraciones Marcos Prior & Marcos Morán
Género
y risa / por carlos rehermann
Con alarmante
falta de humor, Henri Bergson* intentó explicar la risa. Como esos
científicos que para explicar el orgasmo hablan del color de la
piel, la temperatura de las vísceras y la dilatación de
las pupilas, Bergson describe unos mecanismos generales que resultan difíciles
de reconocer para el que ríe y son inoperantes para el que no sabe
reír.
Para Bergson, la risa surge de considerar inhumano lo humano, o viceversa.
Por eso el payaso, torpe y con tendencia a perder la verticalidad, provoca
risa: pierde la dignidad y la esbeltez propia de esta especie superior.
O un animal que se comporta como un ser humano, que da risa a causa de
su vano intento de parecerse a esta especie superior.
Uno de los
problemas del humor es su masculinidad obsesiva. Parece que las mujeres
tuvieran prohibido provocar la risa. Dificilmente se encuentre una mujer
atractiva ejerciendo el humor; cuando una actriz hace chistes, generalmente
adopta una autocaricatura, una disposición payasesca, una negación
de su atractivo sexual.
¿Alguien puede sentirse atraído por Whoopi Goldberg? Los
grandes cómicos del cine fueron varones, y hasta Los Simpson dejan
a las mujeres en un rol de racionalidad, sentido común y falta
de humor.
Muchas mujeres adoptan una curiosa actitud corporal cuando se ríen:
se tapan la boca con la mano, gesto absolutamente ausente en los varones.
En las plateas de los teatros y los cines, las voces dominantes en las
carcajadas generales suelen ser las masculinas. Siempre hay un vozarrón
que se desprende de la masa sonora para hacer un solo carcajeante. ¿Por
qué no hay carcajadas sopranos?
La risa se expresa corporalmente con mayor energía que el llanto:
el cuerpo se sacude, la boca se abre, el vientre se contrae en espasmos
involuntarios, a veces con una violencia que puede provocar una micción.
"Me cagué de la risa" es una declaración tremenda,
imposible de asociar con sentimientos de tristeza. Semejante liberación
de un esfínter, por más que sea metafórica, está
adjudicando una corporeidad a la risa que no tienen otras expresiones
de las emociones.
Lo masculino,
tradicionalmente, arquetípicamente, es vertical: no habla del falo,
como superficialmente puede interpretarse, sino de conexión con
lo divino, con lo supraterrenal, con las potencias del espíritu.
Lo femenino se representa horizontal, pero sin hacer alusión a
posturas del cuerpo, sino a la tierra, madre de la vida, lecho nutricio
para la simiente. Madre y materia son palabras de un mismo origen. Lo
femenino material, entonces, se opone a lo masculino espiritual. La filosofía,
mayoritariamente fabricada por varones, dio siempre mayor importancia
a lo espiritual que a lo material.
La risa,
con su carácter fuertemente corporal, es típicamente una
expresión de la materia en acción. De ahí su ausencia
en los discursos filosóficos, dedicados sobre todo a la verticalidad
espiritual varonil. Y justamente a las mujeres se les ha impuesto, desde
esa mirada superior, la prohibición de ejercer lo que correspondería,
siempre según esa mirada que separa la materia del espíritu,
a su naturaleza horizontal.
Así, la historia les ha impedido hacer reír desde su sexualidad
plena; cuando ríen, les impone la censura de no mostrar la boca,
apertura metafórica; las silencia, porque una expresión
directa de la corporeidad liberada sólo puede dar vergüenza.
De acuerdo con Bergson, en realidad lo que se está produciendo
es un terror masculino a la pérdida de la vertical que lo simboliza,
un miedo a la risa.o
La revolución
simpática por david castanera
"Risa:
acción de reírse; manifestación de alegría
o regocijo, que se produce, por ejemplo, cuando se juega, se oye un chiste
o se recibe una buena noticia, y que consiste en contraer ciertos músculos
de la cara que estiran los labios dejando a la vista los dientes y dando
una expresión particular a los ojos; a veces, cuando la risa es
ruidosa, esa contracción va acompañada de la contracción
de otras partes del cuerpo, particularmente los hombros, y de sonidos
vocales particulares, producido todo ello por contracciones espasmódicas
del diafragma." Diccionario de María Moliner.
Esta es la
definición del diccionario. El fenómeno de la risa aparece
como un proceso fisiológico provocado por ciertos estímulos
concretos. Una descripción detallada de los síntomas que
acompañan a esa contracción espasmódica, que la convierte
en algo "normal", previsible e identificable. Lo identificable
no es extraño, lo previsible es controlable. La definición
elimina del fenómeno risa todo contenido subversivo. Con la definición
de diccionario el sistema elimina la capacidad revolucionaria de las acciones.
Con la definición se identifica y se neutraliza la acción.
Pero la risa tiene un valor crítico. Ve el diccionario en "jugar",
"oír un chiste" y "recibir una buena noticia",
las causas de esta conducta. Entiende la risa como una consecuencia o
efecto de ciertos estímulos: restringir la risa a efecto de ciertas
causas es matar precisamente lo que le da el carácter subversivo.
Pero si nos salimos de cualquier comprensión sistemática
de la risa, encontramos en jugar, oír un chiste o recibir una buena
noticia, no las causas sino los ámbitos en que se da la risa, que
es muy diferente.
"Jugar: 1) moverse o hacer cosas con la única finalidad de
reírse. [···] 3) moverse alegremente, persiguiéndose,
gastándose bromas o haciéndose cosas unos a otros."
Diccionario de María Moliner.
Las dos acepciones empiezan con "moverse". Todo movimiento dentro
del sistema tiene como fin la perpetuación del mismo y la consecución
del equilibrio. El único fin del juego es reírse y la risa
como fin de cualquier movimiento o acción aparece como algo antisistemático
y desequilibrante: revolucionario. ¿Qué hay más inútil,
más absurdo que perseguirse? Lo absurdo, lo inútil, lo extraño,
el movimiento sin finalidad... las expresiones de vida no encajan en el
sistema.
La risa nos
transforma, nos aleja de nuestra apariencia "normal" y se asocia
a lo animal del ser humano. Esta asimilación es otro medio del
sistema para eliminar lo diverso en nosotros. De esta manera ha caído
la risa en el ámbito de fenómenos que alteran y desvían
la personalidad y la identidad del individuo. Risa como desarreglo, desviación,
desajuste, error... que debe corregirse, y no como algo crítico
y antagónico. La risa es asociada a niños, ebriedad, locura
y, en adultos, a desliz, incompostura y también a casos de incorrecta
socialización: pobreza, marginalidad, incultura. La risa va perdiendo
su carácter revolucionario al asociarla con desvíos. Pero
también se la está matando cuando se la intenta recuperar
del wild side y rehabilitar en forma de terapia, de método, cuando
se la asocia a un fin: cuando se la utiliza como medio para lo que sea.
Estimular la risa, controlar su duración e intensidad y aplicarle
utilidades terapéuticas, psicológicas, pedagógicas...
es hacer de la risa un instrumento más, eliminando todo aquello
que la asocia con lo imprevisible, con lo incoherente, con lo absurdo,
con lo asistemático... con lo revolucionario.
La risa verdadera es la risa libre y espontánea. La risa sincera
y sentida que aparece en ámbitos en que se quiebra el sistema.
La risa que descompone cierta compostura del individuo y permite la aparición
de otro yo considerado idéntico, como faceta del primero y no como
desviación de una supuesta personalidad fundamental. La risa ni
se busca ni se puede eliminar de nuestra constitución; la risa
es buena como síntoma de que un espacio ha sido 'liberado'. La
risa aparece y realiza una subversión que no debe ser reprimida.
No hay que ir tras el que ríe ni tras la risa; hay que ir tras
los espacios en que la risa se da, sin más, como otra manifestación
de la vida que en el espacio habita.o
No te olvides la bufanda por marcos prior
Para ir de
Z a X he de tomar un camino, siquiera el del orden de lectura occidental,
de izquierda a derecha. Es la flecha que el Oeste dispara al Este. La
flecha que recorre una ecuación hasta llegar al corazón.
El viaje es nuestra ecuación. Para viajar debemos tomar diversas
decisiones, entre las cuales figura la de hacerlo con equipaje o a pelo.
Dante, como la mayoría de encuestados, decidió viajar equipado.
Su maleta se llamaba Virgilio. Antes de comenzar el viaje, el individuo
que ha optado por llevar equipaje debe pensar: ¿una maleta me basta?
o ¿de verdad necesito esas doce maletas, una de las cuales está
llena de construcciones de Lego a las que les faltan piezas e instrucciones?
Si mi intención
es echar unas risas puedo conseguirlo con una mochila descosida que huela
a aceitunas rellenas podridas. Para los amantes de la cultura basura,
como vuestro humilde servidor en su más tierna adultez, bastaba
con unos minutos de Al salir de clase. La risa estaba asegurada. Era recomendable
verlos acompañado, con los consiguientes comentarios mordaces y
la risa puesta en común, pues es de tristeza infinita (como diría
George Bush II o Manu Chao) descojonarse a solas con algo tan de fórum
como una teleserie o una casete de chistes de Arévalo. Así
es como Radio, Televisión, Cine y Teatro forman el Santísimo
Cuarteto de Risa Contagiosa. La versión macabra de esto son las
risas enlatadas; verdadera cima de la falsa cultura epidémica.
Al final la mochila de cultura basura se hace pesada y algunos optan por
un valor seguro como es el baúl que contiene los mejores gags de
Faemino y Cansado o los tíos esos de La vida de Brian. Aunque todo
es compatible. A veces la cultura basura es consciente de sí misma.
Otros preferirían
una maleta que contuviese aquellas clases en las que no podías
parar de reír porque habías descubierto una palabra que
repetía constantemente el profesor de turno. La clase que más
se aprecia en este sentido, porque provoca un entorno que posibilita una
hora ininterrumpida de risas por parte del alumnado, es esa en la que
el profesor de Biología dice (nada más cruzar el umbral
de ese sacrosanto templo del saber): "Hoy hablaremos de sexo".
Los más
pervertidos se conformarían con el vicio solitario de carcajearse
con el zurrón lleno de tebeos de Mortadelo y Filemón, de
Roberto España y Manolín, de Astérix y Obélix...
Los más avispados marcharían con maletines repletos de rollos
de películas de los hermanos Marx, de Chaplin, de Allen, de Wilder,
de Tati, de Scorsese...Preparados en su misión de ahogarse de risas
(más de 24 fotogramas ).
Los más
directos cargarían con un maletón hasta los topes de artilugios
para acercarse sigilosamente a partes del cuerpo que tengan en común
con las axilas la capacidad innata de hacer reír mediante la siempre
noble cosquilla.
Hay otros que se colgarían a sus amigos a sus espaldas para que
les provocasen la risa con aquellas viejas anécdotas que todos
se saben de memoria, mejor que la tabla de multiplicar. Uno también
necesita un clavo donde agarrarse mientras se arquea de risa.
Voy y vengo por la risa. Esta vez he venido para quedarme. Me aposentaré
sobre su trono. No, es broma. Una broma infinita.o
¿Es tonto el que siempre sonrÍe?
Los delfines siempre parecen estar sonriéndonos. Pero detrás
de ese rictus físico, que el delfín no puede cambiar, se
esconde
un animal sensible y, sobre todo, un ser extremadamente inteligente.
Texto Marta Nin Fotografía Mike Bossley
La inteligencia del ser humano se ha considerado desde siempre una característica
exclusiva de nuestra especie: la que más ha hecho para distinguirnos
del resto del reino animal. Y probablemente, con el tiempo, el encumbramiento
de nuestra inteligencia se ha convertido en una trampa, pues ha mermado
la posibilidad de desarrollar y aceptar otras de nuestras muchas capacidades
como seres vivos. Y es que, además, se ha transformado en un velo
negro que no nos ha dejado ver más allá, que no nos ha permitido
considerar la inteligencia en otros animales, ni tan siquiera imaginar
una inteligencia diferente a la nuestra. Pero ¿cómo medir
la inteligencia?
Empieza el
espectáculo. La entrenadora llama a Malia, la delfín sale
de su tanque y realiza todo el número acrobático en un orden
distinto al establecido, no salta la altura esperada y está muy
nerviosa durante toda la actuación. Algo va mal, piensa la entrenadora.
Llaman a Hou, la otra delfín, pero ésta también sale
muy excitada y tampoco sigue el guión habitual del espectáculo.
El comportamiento nervioso de ambas delfines es muy extraño. ¿Cuál
es la causa? Una entrenadora descubre atónita que han intercambiado
a los animales: alguien ha puesto a Malia en el tanque de Hou y a la inversa.
Las habían confundido. Así que la delfín Hou había
hecho la parte del show que le tocaba hacer a Malia. Equivocó las
salidas y el orden, pero lo hizo tan bien que los entrenadores no pudieron
descubrir que en realidad, a esa delfín no le habían enseñado
ninguno de los movimientos, incluso había sido capaz de realizar
una pirueta que normalmente cuesta semanas de entrenamiento. Por su lado,
la otra delfín Malia, aunque muy nerviosa, también lo hace
todo suficientemente bien como para que las entrenadoras piensen que es
Hou. Los dos animales tenían asignada una parte del espectáculo
para cada uno. Entrenaban por separado, aunque podían verse desde
las compuertas de sus piscinas. Quizás fue así como aprendieron
las piruetas del otro, o tal vez se lo transmitieron telepáticamente
en el transcurso de la actuación... El caso es que fueron capaces
de hacerlo de forma tan correcta que lograron confundir a sus propias
entrenadoras. Incluso para ellas fue algo difícil de creer. Pero
¿por qué? Esa es la pregunta. ¿Por qué un
delfín decide sustituir a otro en lugar de actuar desde su comportamiento
entrenado? Lo segundo sería más propio de un animal irracional,
no consciente de su propio yo, de la existencia del yo de su compañera
de circo (el otro) y consciente a la vez, de todas las circunstancias
del momento. La razón por la cual actuaron de una forma tan responsable
para con el espectáculo, es algo que sólo podrían
respondernos las mismas Malia y Hou. O quizás otro delfín.
Uno de los
científicos que más hizo para descifrar la inteligencia
de los delfines fue John Lilly. A partir de los estudios realizados en
1957, se pudo saber que delfines y humanos tenemos un cerebro similar,
dividido en dos áreas: el córtex y el neocórtex.
En los humanos, el neocórtex es más fino, y nuestras terminaciones
nerviosas del olfato, tacto, vista, gusto... acaban en el córtex
y no se internan en el neocórtex. Pero en el cerebro del delfín,
las terminaciones neuronales de estas sensaciones están interrelacionadas
también en el neocórtex. Así que, aunque nuestro
cerebro y el de ellos se parecen, en realidad su mundo mental puede ser
muy distinto al nuestro. Puede ser que un olor lleve incorporado un color,
o un sonido... Es difícil comprenderlo desde nuestra perspectiva
humana, porque sería tanto como entender que para un delfín
un olor puede ser verde. Algo que para nosotros sólo ocurre en
sueños.
Al igual que los animales humanos, los delfines viven en estructuras sociales
muy complejas y disponen de un avanzado sistema de comunicación.
Un lenguaje, una manera propia de entenderse, tan imprescindible para
ellos como para nosotros. Pero hacer paralelismos siempre es peligroso.
Los delfines han puesto su inteligencia al servicio de sus necesidades
bajo el mar, que para nada son parecidas a las nuestras en tierra. Su
inteligencia es desde luego, una inteligencia extraterrestre.
Al homo sapiens
sapiens (dos veces sapiens, que quede claro) le gusta experimentar con
el resto del mundo animal. En un experimento con un delfín en cautividad
se le pedía que hiciera una serie de selecciones y se le premiaba,
por su colaboración con la ciencia, con un pescado. Después
de dar muchas respuestas correctas, un día el delfín empezó
a hacer una serie larguísima de selecciones equivocadas. ¿Por
qué lo hacía? Cuando se examinó la máquina
de pescado, se comprobó que ya hacía varios días
que el premio estaba seco y sin ningún tipo de sabor. De nuevo
con pescado gustoso, el delfín fue un buen chico y siguió
cooperando en los experimentos... ¿Quién estaba entrenando
a quién? ¿Quién experimentaba con quién?,
se preguntó el propio investigador en su trabajo. No sabemos cuál
fue el planteamiento, ni el proceso mental de este delfín. Pero
lo que queda claro es que, con su cambio de actitud, logró informar
al equipo científico de que el pescado estaba demasiado malo...como
para tomarse la molestia de seguir colaborando. El ejemplo nos muestra
a un animal que comprende lo que está haciendo, que tiene información
sobre sí mismo (y su yo) y que por supuesto entiende los hechos
del presente y sus consecuencias.
A su vez, este ejemplo nos brinda también otra importante información
que vale la pena no olvidar: los delfines sí nos consideran seres
inteligentes. o
*Marta Nin
es periodista y escritora.
Días de vino y risas
Resulta algo triste que, en una sociedad como la nuestra, la risa auténtica
todavía sea una asignatura pendiente.¿Por qué hemos
olvidado esa risa tonta que, quizás, sea la más inteligente?
Por suerte quedan "academias de repaso" que devuelven la esperanza
a este mundo tan acartonado. Vámonos a clase. Texto Sandra Casas
Fotografía Dani Miras
Atención,
pregunta:
"¿Todavía queda algún idiota que ría
condicionado por las risas enlatadas en las series de televisión?"
Mi yo al otro lado del espejo afirmó: "Entre otros, tú".
Aquello no funcionaba. Intentaba un ejercicio de los recomendados en el
taller... y nada, que no me salía esa risa profunda, la risa franca,
la risa verdadera. ¡Yo era uno de los robots, uno de los risueños
sociales, uno de los hechizados por la risa falsa del público falso
de la bruja Sabrina!
Y parecía fácil: según el profesor, con una sonrisa
voluntaria y consciente, la pituitaria recibía el impulso y reaccionaba
liberando las endorfinas, esas hormonas opiáceas que no sólo
son un analgésico natural, sino que proporcionan una sensación
de placer generalizado. Pasar de la sonrisa a la risa no era complicado,
si aprendía una serie de técnicas, y pasar de la absurda
sensación de estar riendo de nada a reirse de eso precisamente,
y de verdad de la buena, era coser y cantar.
"Todo llegará", me dije. De momento, había hecho
los deberes. Ya me conocía algunos de los efectos físicos
y psicológicos que la risa auténtica proporcionaba y los
tenía presentes en mi despiece mnemónico particular (véase*).
Lo veía: liberaría la energía estancada, mi columna
vertebral se estiraría, potenciaría la respiración,
aumentaría las defensas, segregaría un montón de
endorfinas y movilizaría innumerables músculos. Consecuencia:
mis dolores de cabeza y espalda iban a mejorar. Pero atención,
pregunta: ¿Era eso lo que estaba buscando?
Ana, involuntariamente, me hizo ver que no. Y, además, le daba
mucha rabia que estuviera asistiendo a esos talleres. Me lo contaba en
el bar, mientras tomábamos unos vinos.
-No te discuto que reír es bueno. Lo que no me parece bien es que
alguien tenga que enseñarte a hacerlo, como si tú no supieras.
Y, además, de forma natural.
-No busco aprender a reír, Ana, quiero reaprender. Reencontrar
la risa del niño, la desprejuiciada. ¿Cómo te diría?
La risa que parece que tú no estás, que sólo está
la risa.
-Y ¿para eso tienes que embarcarte en un trabajo personal?
-Es entenderme mejor lo que estoy haciendo. Intento conocerme. ¿Crees
que el conocimiento de uno mismo es perjudicial?
-Sí, si mata la espontaneidad.
Aquella tarde el profesor me decía algo parecido a "es bueno
saber cuándo somos espontáneos y cuándo, simplemente,
creemos que lo somos". Aquella tarde recordé que hacía
tiempo que no creía en las casualidades. Aquella tarde presté
mucha atención a las diferentes consecuencias de reirse con un
ja, con un je o con un ji. Y hay muchas. Jo.
Esto es dentro...esto
es fuera...
-¡Dos copas de tinto, por favor!
Reticente a creer en mi búsqueda, y antes de que asistiera a mi
tercera sesión, Ana atacó donde más dolía:
-La verdad es que tampoco creo que reír mucho sea tan bueno como
dices. Por un lado me parece sospechoso, vamos, como de alienados... y
por otro, no será muy bueno para el cuerpo cuando provoca arrugas.
Esgrimí mis últimos datos.
-Mira, se ha comprobado que reír no provoca arrugas, sino que es
la única manera de oxigenar los músculos de la cara. Pero,
aunque las provocara, preferiría esas arrugas fruto de una risa
sana a las de una actitud agria.
En cuanto a lo de parecer una loca o una tonta...¿es por eso que
las personas ya no silban, es por eso que ya no cantan?, ¿por no
parecer locos o tontos? ¿Crees que tenemos que hacer tanto caso
a lo de fuera y tan poco a lo de dentro?
Recordé cuando mi madre aún cantaba, y cogí fuerzas
para seguir.
-Hay gente que no necesita que la reeduquen para reír bien, pero
hay quien sí. ¿Por qué debo pensar que entender la
risa como medio es equivocado, si sirve para sentirme mejor, más
relajada, o para curarme? ¿Por qué debo criticar el uso
de la risa? Apoyarse en argumentos tales como que pervertimos su naturaleza
("la risa sólo debe ser"), va en contra de todo principio
de evolución ("yo no debería aprender, no debería
superar mis problemas, sólo debería ser").
Me estaba animando:
-¿Sabías que muchos hospitales de Europa Central tienen
en sus plantillas a grupos de payasos; que en países como Francia,
Suiza, Canadá se utiliza habitualmente la risoterapia en centros
sanitarios; que en Estados Unidos no paran de descubrir beneficios en
sus estudios sobre la risa para la prevención y curación
de enfermedades...?
Ana sólo negaba con la cabeza, pero en ningún momento dijo
por qué. El sentido de esa negación no razonada lo descubrí
aquella tarde, mientras me agarraba a una señora que estaba allí
para calmar una depresión y a mi espalda se asía un ejecutivo
que había confesado el primer día encontrarse absolutamente
estresado. Al principio me sentía ridícula, pero cuando
vi a mis compañeros de trenecito llorar de la risa y me oí
a mí misma, entendí los noes vacíos de Ana y los
miedos que yo estaba superando: a estar sola, a decir lo que pensaba,
a dejarme ser, a reirme de mí y conmigo, de todo, de verdad.
Un sueño risionario.
En un cartel se leía: Eclesiastés, 7, 4, y un predicador
malcarado, de aspecto enfermizo, gritaba:
-¡Más vale sufrir que reír, pues sufrir por fuera
cura por dentro!
Una multitud de payasos y músicos le pasó de pronto por
encima cantando:
-Acabemos con el poso religioso, acabemos con el poso religioso...
Por entre ellos se abría paso un dalai lama sonriente. En voz baja,
pero perfectamente audible a pesar del griterío general, decía:
-Evitar el exceso es el secreto de la felicidad.
De pronto, arremangándose el uniforme naranja, empezó a
bailar. De debajo de su falda salieron, cogidos de las manos y formando
un corro que giraba alegre, Kant, Goethe y Schopenhauer, vociferantes:
K:¡No a la risa fingida!
G:¡No a la risa mezquina!
S:¡No a la risa política ni a la risa vendedora!
G:¡No a la risa burlona!
S:¡No a la risa hostil!
K:¡No a la risa automática!
K, G, S:¡No a la pobreza interior!
A mi lado, Erasmo de Rotterdam, aplaudía el espectáculo.
Mirándome jovial me dijo:
-Reirse de todo es de tontos, pero no reirse de nada es de estúpidos.
Los dos empezamos a reír de manera ruidosa, y qué bien que
ríe uno cuando ríe en sueños.
El humor
puede ser perjudicial para su enfermedad.
Era el último día del taller de risoterapia y, como hacía
habitualmente, tomaba unos vinos con Ana en el bar de al lado, antes de
entrar. La miré cuando pinchaba del plato una patata brava, y no
quise evitar pensar en el porqué de esa amistad de años.
Una amistad con alguien que tan pocas veces está de acuerdo conmigo.
¿Sería esa la razón? ¿Sería cierto
lo de que quien te cuestiona no es tanto tu enemigo como tu maestro?
Ana se quejó del exceso de sal en las patatas y, acto seguido,
pretendía desmontar mis conclusiones respecto al sueño que
tuve. Según ella, el sarcasmo, el cinismo, no eran criticables.
Me recordó, además, que yo hacía un uso considerable
de la ironía.
-La ironía, amiga Ana -contestaba yo-, de la que se sirve la risa
apolínea o intelectual, bien dosificada puede ser muy divertida.
Pero su sobreabundancia, como pasa con la sal, puede hacer intragable
el mejor plato.
Dos copas más tarde, Ana seguía en sus trece. Quería
desmontar el sentido de la risoterapia con el empeño del que, a
su pesar, se siente atraído por aquello que critica.
-El sistema capitalista absorbe cualquier cosa que parezca positiva; no
la hace propia para beneficiar a las personas, sino para beneficiarse
a sí mismo. Un interés meramente económico. ¿Es
positivo realmente que valoremos nuestras risas en función de la
rentabilidad económica que nos vayan a proporcionar?
A Ana no le gustaba que se fomentara la risa en la empresa con la sola
finalidad de una mayor producción.
-Pensar en el uso práctico que se desprenda de cualquier cosa -le
dije- es uno de nuestros defectos más habituales y uno de los impedimentos
para que nuestras risas sean lo que se supone que eran en un principio,
cuando niños: signo únicamente de la felicidad interior.
-Y añadí-: Hoy invito yo.
Estaba contenta. Ya estábamos de acuerdo en algo.
Habían pasado unos días y parecía que también
empezaba a ponerme de acuerdo con mi yo al otro lado del espejo o, como
mínimo, que empezábamos a caernos mejor. Al menos eso parecía,
porque cada mañana, cuando nos veíamos, como si nos diéramos
permiso para disfrutar del absurdo de la vida y sólo con proponérnoslo,
ya estábamos descojonándonos.
¿Los
deportes de riesgo tienen su gracia?
-¡Buf! ¡Hacía tiempo que no sentía que estaba
viva! -le dijo Ana al señor que nos atendía en el colmado
del pueblo. Acabábamos de bajar el río con las lanchas,
gritando, resoplando, descargando tensiones. Rafting le llaman. Las emociones
habían llamado al hambre. El señor respondió a su
exclamación con una pregunta que no esperaba respuesta, pero que
la tuvo unos días después. Una pregunta que se paseó
por la tienda durante unos minutos:
-¿Hace tanto tiempo que no llevas la sonrisa a tu cara, la risa
a tu estómago, la alegría a tu corazón y la plenitud
a tu alma?
"No hace falta irse a la India para encontrar maestros", pensé.
*
Todos los especialistas coinciden en las muchas virtudes de la risa. Entre
otros efectos beneficiosos, aumenta la capacidad pulmonar mejorando la
respiración, fortalece el corazón, hace que se mueva el
diafragma, facilita las digestiones al hacer vibrar el hígado,
baja la hipertensión aumentando el riego sanguíneo, tonifica
los músculos... Por otro lado, a nivel psicológico, parece
ser que un minuto de risa diario equivale a 45 minutos de relajación,
incrementa la autoestima y la confianza, bloquea los pensamientos negativos,
elimina el miedo y ayuda a relativizar los problemas.
Las endorfinas son sustancias segregadas por el cerebro que mitigan el
dolor. Aparte de estos analgésicos, se liberan otras sustancias
como la adrenalina (un componente que en buena medida potencia la creatividad
y la imaginación), la dopamina (que mejora el estado de ánimo)
y la serotonina (que posee efectos calmantes). Por lo tanto, reír
al levantarse ayuda a encarar el día, y antes de acostarse fatiga
el cuerpo y combate el insomnio.
¡Bienvenido
al baile!
En Naderias Groucho Marx, se encuentra con el capitán del barco
en el que se ha colado como polizón:
Groucho: Quiero hacer constar una queja.
Capitán: ¿Por qué? ¿Qué es lo que le
sucede?
Groucho: Pues sucede que ayer, a las tres de la madrugada, alguien se
paseaba por mi camarote. ¿Sabe quien era?
Capitán: ¿Cómo? ¿Quién hizo semejante
cosa?
Groucho: Nadie, esta es mi queja. Soy joven y quiero diversión
(rompe en una estrepitosa danza). Quiero reír, quiero bailar y
que la danza emerja llenándolo todo. Quiero reír, cha cha
cha...
Continuamente nos suceden casos inesperados, lamentables, decepcionantes,
frustrantes, o hasta horribles. Es un hecho contrastado y respecto al
cual nada podemos hacer. Es como los objetos que caen por la gravedad.
¿Debemos sorprendernos? Lo único sensato es la transigencia:
Prescindamos de lo imposible. Dejemos de molestarnos gratuitamente. La
realidad es y será así; no necesariamente como nosotros
deseamos que sea. Es la melodía del destino, simplemente suena.
Son ilusos quienes aún creen que se trata de un programa de radio
en el cual se complacen peticiones.
Ya que la
música nos es impuesta, sólo nos queda seguirla de la forma
más airosa posible. De hecho, es como si estuvieramos en una pista
de baile. Obviamente, hay personas que tienen una gracia innata para el
baile. Pero todos bailamos mejor o peor si queremos. Incluso poseemos
un potencial como danzarines que revelamos con buena disposición
mental y la insistencia necesaria.
Es una decisión:
Si crees que la vida es un valle de lágrimas, vives cuanto te sucede
con cierto dramatismo. Pero si opinas que es un gran baile, lo que te
acontece pasa a ser más o menos "divertido". Al fin y
al cabo somos como Cenicienta. Fuimos invitados al baile de milagro, y
debemos marchar pronto. Comparemos, si no, el tiempo que esperamos estar
en el mundo con el que estaremos muertos. Es absurdo tomarse a la tremenda
lo que sucede en un sitio en el que uno pasa tan poco rato. Realmente,
nuestros momentos de baile desenfrenado y de gozo, son lo que nos llevaremos.
¿Quiere decir eso que debemos tomar exclusivamente lo fácil?.
De ningún modo; lo que nos perjudican son nuestras propias exigencias.
Y también es exigente quien quiere sólo lo fácil.
Por el contrario, actitudes como la confianza y la tolerancia nos resultan
mucho más rentables.
Observemos, por ejemplo, a las personas que bailan mejor. Son justo aquellas
que se esfuerzan menos, simplemente disfrutan del baile, se contonean
confiadas a su propio estilo, y excluyen las suposiciones a cerca de si
los demás criticarán su euforia rítmica. Permiten
que su cuerpo fluya; aceptan la expresión original de sí
mismos.
Asúmelo. Estamos en un baile, escucha lo que suena ahora y baila
lo que toca. Y báilate la vida. Retózala. Sigue el ritmo.
El objetivo es que sea acompasada y armónica: agradable. Y justo
cuando te importe un pito si bailas "como debe bailarse", o
si los demás te aprueban, te llenará la seguridad de que
bailas bien. Es una vivencia espontánea, genuina y gloriosa de
ti mismo.
Así
que ahora, tómate un rato, suelta la mandíbula, afloja la
cadera, flexiona esas rodillas, ablándate, sonríe y arrímate
a quien desees. Disfruta cuando el impulso de tu ritmo y tu sonrisa afloren
de tu danza. Házlo una costumbre, y vibrarás desbloqueado
como una llama, mientras respiras, andas, conduces, te sientas ante tu
ordenador, o lees... Los pensamientos que aún te frenen servirán
de letra cómica a la canción que suena para ti. Flotarás
por la vida libre de gravedades. Y como es de las cosas más contagiosas
que hay, tu día a día será un cha cha cha, un vals
o un rock. Date la licencia. La vida es música y este mundo el
concurso de danza más grande que jamás soñaste. Participa
con el deleite de todo tu cuerpo y baila, baila, baila...mientras aguantes.
o
*Paz Torrabadella es psicóloga y escritora
e-mail: pazmail@teleline.es
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